Tengo dudas, no sé si contaros la historia del hombre que quería robar salchichones en mercadona, lo divertido que es que te tiren los trastos, o los cambios de palabras que se producen cuando hablas rápido y sin pensar. Hagamos una mezcla...
Nos levantamos por la mañana y nos dirigimos al mercachorra, no sin antes haber estado pegados a la tele porque te habian dicho que ibas a salir tu, pero no ha sido así. Una vez allí, nos encontramos con que todo el mundo ha decidido acudir en masa a ese gran supermercado. Entre todos ellos destaca un hombre que mira con ojos de corderito los salchichones ibéricos. Tras esa cara de empanado nos encontramos con un hombre dispuesto a hacer lo impensable por conseguir que una mujer se acueste con él. Tras someter al salchichón a una lamentable sarta de marranadas, y que éste no parara de decirle que no estaban hablando de lo mismo, que no estaba interesado, el hombre misterioso le confiesa que se ha sentido provocado por una de sus frases que por lo visto para él tiene un doble significado, y decide que se lo lleva dentro de su chaqueta junto con su gemelo, otro salchichón, sus primos hermanos, los chorizos ibéricos y alguna que otra latita de aperitivos. En este momento de crecimiento personal decide escapar del mercachorra, pero su huida se ha visto impedida por los grandes dependientes del centro de compra, que se han abalanzado sobre él atravesando la marabunta de gente que, misteriosamente, al escuchar gritos han acudido en masa hacia la puerta de salida.
Nuestro hombre misterioso, aturdido y viendo en peligro el material que escondia bajo su chaqueta decide que a golpes se solucionan las cosas y contraataca los dependientes. Han sido necesarios cinco dependientes, e incluso el gran jefe mercachorril se ha dignado a salir con su traje chaqueta del cubículo que mantiene escondido tras la sección del papel higiénico.
En el momento del traslado del ladronzuelo a la sala oculta del oh! gran jefe mercachorril, aparecen cual película americana dos coches de policia que aparcan en la acera y acuden a rescatar a los gemelos y a las latitas.
En ese momento nuestro hombre misterioso decide hablar pero sólo es capaz de pronunciar frases del tipo: "Este perro se va a desconucar" o "Vamos a hacer babas con jamón).
Lo triste del caso, es que las cosas que han pasado aquí son verídicas, aunque contadas de forma un poco... un poco.. no sé cual es la palabra exacta.
Ya dije que esto iban a ser mis rollos. No estéis tranquilos, el día aún no ha terminado...
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3 comentarios:
que tia!!! Sigues escribiendo igual de bien que siempre...Sabes a que me ha recordado esto??? A nuestro cuento de Pili y Mili, a el cuento que me regalaste que habias ganado un premio y uqe la prota tocaba el violin y era yo... eras una gran escritora, y ahora al leer esto me he acordado de que sigues siendolo ;)
Me lo pase genial en Peralejos... con esos "aires" de montaña...
En fin, una anecdota que contar y muy bien contada... ;)
Un besazo!!! me ha gustado mucho de veras, sigue escribiendo.
ANDREA.. tocaya castellonense y ahora galesa
es cierto! mi época de escritora! snif snif
A mi tb me "gustarons los aires de montaña" jajaja
Wowowow!!! me ha molado!, pues espero que sigas escribiendo!!!! me mia... lo que hay que ver!!
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